Me vais a odiar, pero tenía ganas de hacerlo... Estando aquí el blog tiene algo menos de sentido que cuando he estado fuera, pero me parece un ejercicio sano mantenerlo aireado y limpio y pasar por aquí de vez en cuando a dar unas "voces".
Como me queda muy poco más a parte del trabajo, estos últimos fines de semana estoy algo más activo de lo que solía antes de irme. Sobre todo el finde masculino ese que nos marcamos mientras las hembras se fueron a dar barros sobre las te... esto el caso es que tenía la intención de sacar alguna foto más pero la cerveza y el empate del Madrid me hicieron olvidarme de esa intención inicial y sólo tengo ésta en la que Gorka sufre de una crisis de identidad provocada por la falta de pulso al montar las fotos del panorámico y Pedro ni siquiera llega a salir, pero estaba... lo juro, allí estaba... Se ven claramente a Francisco y a Quique (la rubia), y se echan de menos instantáneas posteriores, sobre todo del Julio y del ascenso al Himalaya (la llegada al Fraguel).

Fin de semana aprovechado. Hagamos algo de literatura sobre lo ocurrido desde que la foto fue tomada... al hacer la foto la cuenta de cervezas era de 4 por cabeza menos Francisco que casi acababa de llegar. Yo ya había terminado el repaso rutinario a las delicias de Oxford y la conversación derivaba a temas entre lo humano y lo divino. Conforme pedíamos cerveza se acercaban más a lo humano... hasta que pasamos la frontera de lo humano y empezaron a ser conversaciones sobre lo animal... cenamos con lo que nos pusieron de tapa y una ración de no sé qué que les quedaba en cocina, la cuenta para cinco llegó a casi 80€, mejor no sigo contando.
De ahí pasamos al Julio donde reunimos fuerzas de testosterona con Emilio y compañía. Limamos alguna "aspereza" pasada, algunos más que otros, porque oí claramente como la rubia le decía a "alguien" "tú eres un pretencioso" y "te has sobrao y lo sabes". O cosas parecidas, porque algo me pasaba en los oídos que no oía como de costumbre (que no suele ser precisamente bien).
En el Julio abandonamos los coches por el bien de nuestra salud... pero en contra decidimos montarnos con "alguien" en su coche, apoyados en la intuición de que la cerveza de su organismo no era la misma que en el nuestro. Así debía de ser porque llegamos al Fraguel, donde el olor comienza a parecerse demasiado al del Julio de los '80, ya me entendeis.
Según entré supe que debía emplear la "estrategia Isa" si pretendía sobrevivr: cambiar de cerveza a coca-cola. Cuando "uno de los nuestros" (sin nombres a partir de ahora) me tiró la primera consumición tratando de apoyarse en la barra supe que era la única estrategia posible para que todos pudiéramos sobrevivir.
La cosa terminó provisionalmente en villa-mono, o como se diría anca' Quique y Gema. Terminamos los que quedábamos en ese momento: Quique, Gorka y yo mesmo. Quedaban allí Emilio y otros cuantos...
La estrategia de recogida no tuvo desperdicio. Nos bajó Javi, pero éramos seis... mientras discutíamos cómo colocarnos Quique se metió en el maletero y se sobó agarrao a una manta de pelo de burra que tenía Javi en el coche. Solucionado, éramos cinco. tras tres coca-colas yo era una persona nueva y le pedí a Javi que nos dejara en mi coche para montarnos los tres y yo distribuía a la gente. Una vez Quique, Gorka y yo estuvimos en el coche decidimos ir los tres a villa-mono, al llegar allí Quique dijo que como condición a darnos cobijo uno de nosotros debía "darle calor" en la cama. Antes de terminar Gorka estaba en gayumbos metiéndose en la cama... yo me retiré a la otra habitación y cogí el portátil de Gema para conectarme un ratico a la red y mirar el rollo ese del Facebook (con la coca-cola no me dormía ni patrás).
¿Creéis que terminó ahí todo? no, nos levantó la perra a las 11 de la mañana porque se cagaba. La sacó Quique, que aún le duraba el pedo (4 horas de sueño no te lo quitan). Cuando llegó yo estaba abajo bebiendo litros de agua. Nos salimos al patio a disfrutar del sol hasta que empezó a achicharrarnos la nuca.
Ahí fue cuando decidimos que era una buena idea mantener la farra y comer todos juntos. Gorka no se apuntó, tenía comida familiar. Siendo dos parecía una cita, y no estábamos por la labor. Llamamos a Emilio, también motivados por la necesidad de si había muerto o si había conseguido sobrevivir. La voz que tenía al responder al teléfono no aclaró nuestra duda, pero dejaba un rayo de esperanza. Se apuntó al plan, compramos comida precocinada y nos la jalamos sin hablar... descubrimos que Emilio no durmió solo, confesó, se lo sacamos... durmió agarrado al extintor del pasillo de su piso. Eso lo explica todo.
Tras la comida, Die Hard 4.0, siestaca y lenta reincorporación al mundo "normal"... ¿En qué pensaba mientras tanto? En ésto:

El seto-elefante del porche de la casa de Ms Roskill.
Saludos