
Hace ya no se cuánto tiempo que no hacía algo parecido a escalar. Cuando lo hacía tampoco era exactamente escalar, pero lo que hago ahora desde luego que se parece más a una lagartija reptando por una roca que a un escalador. Pruebas:

Ahora bien, no era el único que había perdido "tacto" con la roca. El "dios" del deporte (o la gran mentira del deporte español...) tampoco está listo pa ir al Himalaya...

Aún así, la pose de espatarre sigue siendo una de mis poses favoritas y las rozaduras de la roca siguen estando ahí, además del dolorcillo de dedos al ponerte los pies de gato. Me sigo acojonando a nada que estoy 1 metro por encima del suelo, y me sigue flipando la sensación que se tiene cuando enlazas unos cuantos pasos bien dados (o tú crees que los has enlazado, que pal caso es los mismo).
La tarde estuvo cojonuda, nos montamos Quique, Kira y yo en el coche y fuimos a La Rendija, en la Sierra de Herencia.

La tarde que nos hizo fue cojonuda. Cogimos espárragos, nos rozamos con la piedra y la perra se reventó a correr saltando entre las piedras como una cabra montesa... Una tarde de campo en toda regla. ¿La escalada? Bueno pues a nuestro nivel nos lo pasamos que te cagas, hasta con peligros, caidas, puntos críticos y todo eso... Ahora bien, un máquina se pone donde nosotros y se hace la pared a la pata coja y con un brazo atado al ojo del culo, ¿pero eso importa algo cuando te lo estás pasando de puta madre? Además a la perra no le importó nuestro nivel de escalada y nos quiso millones:

Haré otra entrada de ésto, ya que las mejores fotos las hicimos con la cámara de Quique, además falta la parte de "espeleología" en la rendija. Por cierto, tuvimos tiempo hasta de explorar más paredes para futuras excursiones... Quien quiera que se apunte!

JEJEJE! Que guapicos que salimos en toas las fotos, hoy te envio mis fotos pa que hagas la segunda parte, besotes
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